Como adultos, a algunos de nosotros puede que no les guste la sensación de mareo. Es posible que nos sintamos inquietos, tal vez incluso con náuseas y malestar, y necesitemos sentarnos un rato hasta que pase. Los niños, por otro lado, a menudo adoran esa sensación. Girarán y girarán hasta caer al suelo y luego lo harán de nuevo.
Entonces, ¿por qué a los niños les suele gustar tanto? Una razón podría ser que dar vueltas y los mareos resultantes son herramientas importantes que los niños utilizan para aprender sobre sus cuerpos.
La mayoría de las personas están familiarizadas con los cinco sentidos: vista, gusto, tacto, olfato y oído. En realidad, tenemos muchas más formas de percibir el mundo a través de nuestros sentidos. Tenemos otra categoría completamente diferente llamada sistema vestibular, que es responsable del equilibrio y la orientación espacial, o cómo se mueven nuestros cuerpos en el espacio y dónde está nuestro centro de gravedad.
Las investigaciones muestran que girar activa pequeñas cavidades llenas de líquido en el oído interno, lo que ayuda a los niños a saber dónde está su cabeza en relación con el resto de su cuerpo, con el suelo y con otras personas y objetos. Estar mareado no sólo es divertido, también es una forma en que los niños estudian y aprenden sobre sus cuerpos y cómo funcionan.
Aquí hay algunas actividades vertiginosas que su niño pequeño y pequeño podrían disfrutar:
- Girar con la frente apoyada en un balde o en un taburete; para divertirse aún más, puede pedirles que intenten correr en línea recta después y ver hasta dónde pueden llegar.
- Montar en un tiovivo o carrusel
- Montar en un columpio, en un caballito de madera, en un balancín... o prácticamente en cualquier aparato del patio de recreo.
- Rodando por una colina suave y con una pendiente suave
- Usando un hula-hoop
- Gimnasia, saltos mortales y otras actividades gimnásticas.